domingo 16 de octubre de 2011

Primavera en un solo acto

Estaba pintando la pared de la casa, situada a orillas del río Limay. De aguas muy claras y profundo; como hay pocos. La costanera angosta y sinuosa llegaba hasta la toma de viviendas precarias, vestidas de octubre gris. Apenas unas flores de retama iban comenzando a adornar los techos. Los álamos, erguidos, marcaban su territorio.

El terreno estaba cercado. Era árido, con tierra suelta y arenosa. El viento insaciable le traía pimpollos rojos y le robaba semillas que se iban perdiendo en las costas. Batallaba contra la meseta, solitaria y poderosa. Allí el sol se ponía muy tarde. Se le habían quemado las manos cuando levantó la tapa del tanque de agua. Y el último invierno lo había pasado sin salamandra.

Cuando los sauces comenzaron a verdear, ella decidió irse. Él la alcanzó a ver entre los que lloraban más que nunca, mientras subía a la balsa. Sólo le dejó una nota que decía que no quería luchar como Don Quijote.

En octubre, los frutales enquistados en el valle, seguían siendo víctimas de las heladas matinales. Un manzano muy bajo iba echando al mundo sus primeros hijos y un ciruelo gigante imponía su carácter. Se acordaba de Lina y de Roberto y de Lucho y Marina, luego del festejo de la bajada en canoa. Era celeste, medio despintada, de madera blanda y noble.

El día del ciclón, alguien que pasaba por ahí le preguntó si seguía con la idea de quedarse. El, sin responderle, juntó los restos de unas flores castigadas y se las regaló. Luego entró a la casa; se acercó a la salamandra y avivó el fuego. Se fue a dormir temprano. Al día siguiente iba a arreglar el cerco de las rosas.

lunes 15 de agosto de 2011

Jugando (un viejo experimento para mis amigos...)



Mientras lugo una escarpa, crispeo

Tremolar de los gerates

En el espacio restellante

Dispolar de un primacente mañanero

Yunta de primpolas amarillas

Yunta de rostelas en el aire

Pinta las nubes la noia

Perfora las pinchulas tu sordera

Crisantias sobre la berdela

Ancora non mi lastro

El chamuyo en la finestra

Y los bertianos de la yuta

Pinporotear

Conviertar

Tralinportar

Y la mortrusa sin blinardemuntes

Mientras dropo tu bocho birlado


lunes 9 de mayo de 2011

Sobre el mar


Y el hombre leía un libro. Viajaba sentado en la última fila del transporte acuático.

A lo lejos se divisaban las islas magníficas de la ciudad antigua; construida sobre pilares y llena de puentes angostos.

El bamboleo de la embarcación hacía que el lector levantara la vista y se quedara observando la espuma blanca del agua, mientras el libro reposaba en su falda. Durante esos instantes, parecía que no pensaba, que no sentía, que no estaba allí. Luego retomaba la lectura vorazmente. Avanzaba y retrocedía entre las páginas blancas y de letras grandes. Cada tanto parecía reflexionar. Alzaba la cabeza y todo el paisaje parecía caber en sus ojos pequeños y azules.

En el lomo del libro se alcanzaba a leer el nombre “Conrad” y, en la contratapa, la fotografía de un autor sonriente daba la bienvenida a quienes lo quisieran leer.

En la fotografía el autor lucía satisfecho. En la embarcación, ese día de abril, el autor se mostraba demasiado inquieto.

sábado 2 de abril de 2011

La Perdida

Alguien llamó a la década del 80 “la perdida”, refiriéndose seguramente al funcionamiento y resultados de la economía . Emilio pensó lo mismo, mientras dejaba los anteojos en el estuche, después de leer un artículo publicado en una revista. Caminó hasta la cocina y, con un café mediante, encendió el televisor del living ubicado frente a un mullido sillón que ocupó en toda su extensión.

Las imágenes de un viejo noticiero parecían superponerse en su memoria: movimientos de personas, variedad de colores y personajes fugaces se confundían con la voz en off de periodistas e informantes calificados.

La guerra se había desarrollado en un desierto no muy extenso, según devolvían las imágenes en tonos grises y marrones; los tonos de la vegetación achaparrada. El cielo y el mar habían extrañado la serenidad del lugar ante el rugir de motores agresivos y de proyectiles lanzados, cruzándose ininterrumpidamente.

A más de veinte años de ocurridos los hechos, Emilio recordaba sólo ese episodio, a pesar de que se había estacionado en un canal de películas por cable. El sillón crujió ante un movimiento de Emilio; pegó un saltito al observar, en una escena de una película, a un trío amoroso sobre una cama espectacular de color verde.

Pareció distraerse un instante. La cama espectacular de color verde sobre la que se movían sus protagonistas, se transformó en el paisaje rocoso y de vegetación rastrera sembrado de muertos y heridos, sólo cubiertos por el barro. El viento parecía cortar sus caras enrojecidas, mientras se oían a lo lejos voces pidiendo auxilio.

Recordaba Emilio que el General, que había ordenado se traslade al lugar su vehículo Ford Falcon, aparecía en primer plano en la TV. Un famoso periodista transmitía información que era comparada, por algunos argentinos, con la de origen uruguayo. Más tarde y, conocidos los resultados de la contienda, los datos proporcionados por ese periodista habían sido falsos.

Mientras Emilio comenzó a hacer zaping, la figura de una dama madura de voz inconfundible apareció en la pantalla en un programa conmemorativo de la guerra de Malvinas. Junto a un señor de estatura mediana y cabello negro engominado dirigían la orquesta, compuesta por destacadas figuras del orden empresario y artístico. El objetivo: recaudar fondos para ayudar a nuestro ejército que estaba en el frente.

Así iban desfilando señoras que entregaban sus collares y anillos y gente de distintas edades que aportaban dinero, chocolates, bufandas, medias y otros elementos útiles para los soldados.

Ante la imagen del General, dirigiéndose a la multitud en la emblemática plaza de Buenos Aires, la que respondía vitoreándolo, Emilio apagó el televisor. Con los puños apretados se levantó del sillón y se paró delante de la ventana.

A través de los vidrios pudo observar a unos chicos que remontaban un barrilete. Mientras los rompía y con las manos ensangrentadas, recordaba que él era un niño cuando ocurrió lo de Malvinas y que también tenía la costumbre de remontar barriletes.

sábado 12 de marzo de 2011

Zigzagueando

Cuando niña corría hacia delante

perseguía y me perseguían los personajes de los cuentos

Esa lámpara jugaba a balancearse y la sombra

en la pared

dibujaba a las brujas

sus jorobas

y los mantos negros

temerarios

Brillos, sedas y encajes en la caja abierta

sobre el piso del rincón

Y Merlina con turbante

caminaba erguida, descalza

con el viento a sus espaldas

Y la rama del fresno desprendida

lastimó su pie

una tarde

Agua y arcilla

latas y baldes

helados de barro

para la venta ambulante

Telones de papel ocultaron la siesta

el sol

los detalles

Amo a los testigos

de los días que aún queman

de la niñez confiada

de las noches cortas

Un poco niña

Un poco grande

Moriré en invierno

lunes 10 de enero de 2011

Atracción fatal

En la vidriera se refleja la gente que pasa. Alguno que otro se detiene, para observar la magia del cristal de Bacarat. En todas las direcciones se cruzan destellos fugaces. Hasta aquellos imposibles. Como el azul, que cegó a Marianela, la tarde del viernes. Alguien la vio caer herida y la llevó al hospital. Entró en coma antes de la noche.

Nunca se supo de donde había venido el proyectil. Se comenta que fue la coartada perfecta; ella moría por el cristal de Bacarat.

domingo 9 de enero de 2011

Un texto elegidio de Gabriel Dalla Torre

Una remera de Williams James

Es dramática la forma reflexiva del verbo colgar, mencionar la palabra en una reunión de padres, en una sala de lectura o incluso en una fila bancaria es suficiente para inquietar los ánimos o exaltar las curiosidades.

Una soga es, por si misma, un objeto excedido en ideas.

Una soga tirando, rodeando, decorando.

Los cordones del preso confiscados, las delicadas cintas celestes que recogen el pelo de la estudiante, la cadena que une al grillete, los puentes, las corbatas.

Mucho procede de la soga.

Mis sueños son de sogas, que me siguen, que me envuelven.

Bailan a mi alrededor como matas de fuego, como llamas de hilo, se meten en mis venas y son mi sangre. Se mezclan, se anudan, se trenzan, me tapan los ojos, me dejan ciego, desde adentro.

Las oigo deliberar, hacer planes, ciertas noche más alegres juntan coraje, buscan una viga.

Finalmente ninguna se anima al cuello, la vida que tienen también las condena, la posibilidad de conciencia no es ajena a ellas.

"Las Viajadas". Serie Cuento/2009